{"id":1273,"date":"2023-06-24T14:53:41","date_gmt":"2023-06-24T14:53:41","guid":{"rendered":"http:\/\/anagonzalezrojas.com\/?p=1273"},"modified":"2023-06-24T14:53:41","modified_gmt":"2023-06-24T14:53:41","slug":"el-panteismo-mistico-de-ana-gonzalez-hector-abad-faciolince","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/anagonzalezrojas.com\/index.php\/2023\/06\/24\/el-panteismo-mistico-de-ana-gonzalez-hector-abad-faciolince\/","title":{"rendered":"El pante\u00edsmo m\u00edstico de Ana Gonz\u00e1lez &#8211; H\u00e9ctor Abad Faciolince"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>H\u00e9ctor Abad Faciolince<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Creo que el Dios de esta artista terrenal y viva, m\u00e1s que el Dios ol\u00edmpico de los padres de la Iglesia, se acerca al Dios pante\u00edsta del amable jud\u00edo heterodoxo Baruch de Spinoza. Gonz\u00e1lez mira nuestro entorno natural, el vegetal, el mineral, el animado, y lo pinta y modela con extrema dulzura, pero al mismo tiempo a la manera de Spinoza,&nbsp;<em>sub specie aeternitatis<\/em>, es decir, bajo su aspecto eterno, como si hubiera algo inmutable y fijo que en el cuadro o en el objeto suspende su fluir.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo la primera obra que me impresion\u00f3 de ella y que de inmediato, con un impulso ego\u00edsta, quise poseer, tener a mi lado: era una vista ins\u00f3lita de un salto de agua muchas veces dibujado, pintado, retratado en nuestra historia del arte, pero en las manos de Ana Gonz\u00e1lez detenido para siempre entre las rocas. Hab\u00eda en su mirada al Salto del Tequendama algo nuevo, portentoso, pante\u00edsta, tel\u00farico y er\u00f3tico a la vez. Lo curioso es que ella misma no lo ve\u00eda as\u00ed. Se requieren otros ojos, otras miradas y otras palabras para saber lo que hacemos con el arte (y lo que el arte hace en nosotros) sin darnos cuenta. Yo mismo, muchas veces, no s\u00e9 bien lo que he escrito hasta que otros lo leen y me lo explican.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la mirada se pasea por la obra de Ana Gonz\u00e1lez, sus tejidos desbastados, sus sedas dibujadas, sus esculturas de porcelana, sus fotos intervenidas y tatuadas, sus monta\u00f1as, sus palmas de cera, sus colibr\u00edes y \u00e1rboles y flores, mi primera evocaci\u00f3n ha sido la poes\u00eda m\u00edstica de San Juan de la Cruz. Ah\u00ed \u00e9l, como ella, nombra lo que va viendo, las maravillas que se presentan a su paso:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u00a1Oh bosques y espesuras, plantados por la mano del Amado, oh prado de verduras, de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado!<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Mil gracias derramando, pas\u00f3 por estos sotos con presura, y, y\u00e9ndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dej\u00f3 de su hermosura.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo en la mirada del artista verdadero, y algo en su ser, que impregna de su figura lo que mira, que imprime a lo observado las cualidades de quien observa y adem\u00e1s recrea y reproduce lo que ha visto. Es este el toque m\u00edstico que observo en la manera en que Ana Gonz\u00e1lez va mirando lo que nos rodea: la maravilla, e incluso la destrucci\u00f3n y desolaci\u00f3n del p\u00e1ramo (un accidente geogr\u00e1fico \u00fanico en el mundo, t\u00edpico solamente de los Andes tropicales, extraordinario y fr\u00e1gil como el que m\u00e1s), se ti\u00f1en de la pureza de su mirada. Esto vuelve a entenderse solamente con la poes\u00eda de San Juan de la Cruz:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Mi Amado, las monta\u00f1as,los valles solitarios nemorosos,&nbsp;las \u00ednsulas extra\u00f1as,&nbsp;los r\u00edos sonorosos,el silbo de los aires amorosos.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La noche sosegada, en par de los levantes de la aurora, la m\u00fasica callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La artista nombra (pinta) las bellezas que ve y luego, en la belleza, construye su propio fuerte, su propia fortaleza:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>A las aves ligeras, leones, ciervos, gamos saltadores, montes, valles, riberas, aguas, nieves, ardores&nbsp;<\/em><em>y miedos de las noches veladores:<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>por las amenas liras y canto de sirenas os conjuro que cesen vuestras iras, y no toqu\u00e9is el muro, porque la Esposa duerma m\u00e1s seguro.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ana Gonz\u00e1lez construye con su arte mim\u00e9tico y m\u00edstico, con sus piezas de palmas esbeltas, de colibr\u00edes detenidos en un gesto, de monta\u00f1as inmensas, orqu\u00eddeas abiertas, frailejones firmes y fr\u00e1giles, un para\u00edso personal, nuestro propio para\u00edso andino, vulnerable, vulnerado, amenazado, sitiado, a veces ya perdido, pero preservado en su obra, amado en su mirada, y abrazado por ella en un heroico intento de protecci\u00f3n y preservaci\u00f3n que me atrevo a calificar con un adjetivo hoy tristemente devaluado: maternal. Gracias a ella volvemos a mirar el todo, nuestra naturaleza prodigiosa, las creaciones que son el mismo Dios Pan, con unos ojos nuevos que nos invitan a amar y a cuidar lo que estamos en trance de devastar y perder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>H\u00e9ctor Abad Faciolince Creo que el Dios de esta artista terrenal y viva, m\u00e1s que el Dios ol\u00edmpico de los padres de la Iglesia, se acerca al Dios pante\u00edsta del amable jud\u00edo heterodoxo Baruch de Spinoza. 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